Marchena, en proceso – 60 m²
En el urbanismo deportivo, la eficacia de los flujos de espectadores es tan vital como el juego mismo. Este proyecto consiste en una actuación puntual dentro de un complejo deportivo municipal, con la necesidad técnica de tejer una red de comunicación entre dos gradas preexistentes. El objetivo es eliminar fronteras físicas y optimizar la circulación general del recinto, concibiendo la intervención no solo como un puente, sino como una sutura arquitectónica que unifica el espacio y mejora la experiencia del usuario.
La respuesta formal apuesta por la máxima ligereza visual. Bajo la premisa de la economía material, se emplea exclusivamente el acero, despojando el diseño de lo accesorio para centrarse en la pureza estructural. La pasarela se materializa mediante una cercha curvada, solución técnica que garantiza la altura libre de paso inferior para el tránsito rodado y cumple estrictamente con los protocolos de seguridad para proteger a los deportistas en su acceso al campo.
La complejidad logística se resuelve mediante la simplicidad del montaje. Concebida como un mecano, la estructura integra perfiles estándar y chapa perforada. Este sistema agiliza la ejecución, mientras que la chapa actúa como un velo translúcido que tamiza la luz, ofreciendo seguridad sin renunciar a la permeabilidad visual ni a la ventilación natural.
Más allá de la unión física, la intervención funciona como un motor de cambio para el entorno, obligando a repensar la accesibilidad y transformando las áreas aledañas en espacios inclusivos. Es una arquitectura de intervención mínima donde el acero conecta gradas, personas y funciones en un solo gesto técnico.
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